martes, 25 de noviembre de 2014

Capítulo 9: No es casualidad

Pasaron  semanas, quizá un mes o dos, todo iba bien en el colegio y nuestro lazo de amistad entre Andrés y yo era cada vez más fuerte. Pero, mis nervios estaban a punto de explotar, estaban muy sensibles y me daban ataques con frecuencia, muchos ataques de pánico me estaban haciendo cada vez más débiles. Empecé a pasar mucho tiempo en la enfermería, me daban tranquilizantes y despertaba una o dos horas después. Los fuertes medicamentos que me administraban me estaban comiendo por dentro, cada vez estaba más delgada y mi piel ya no estaba volviendo al color natural, estaba pálida.
Estaba acostada en la camilla de la enfermería, cuando entró alguien inesperado, sangraba mucho por la nariz y lloraba de la desesperación, era Nicholas, lo sentaron en la camilla junto a mí, pero no dejaba de gritar y pedir que no le den ningún medicamento extraño, decía que sabía que todos estos tranquilizantes nos hacían daño, que me estaban perjudicando, que querían matarme. Las enfermeras le inyectaron un líquido en el brazo y Nicholas quedó completamente dormido al instante.
-¿Por qué sangraba por la nariz?, pregunté sorprendida, parecía que le habían dado un golpe y lo habían hecho.
-Alguien lo golpeó en la nariz muy fuerte, estaba diciendo cosas incoherentes, ya sabes, me explicó la enfermera con una risita estúpida.
-Pero, por qué estaba diciendo que los medicamentos me están matando
-Vamos Sami, tu sabes que sólo hacemos lo mejor para ti, sabes qué, ya puedes irte, me dijo la enfermera y me descobijó.
-Pero, aún no estoy del todo bien.
-Vamos niña, no seas exagerada y largo de aquí, ya no te quiero ver más, me sacó de la camilla y me pidió que me retirase, pero seguía débil, no entendía por qué, ella estaba bastante nerviosa.
Salí despacio de la enfermería y me senté en el sillón de espera. Estaba confundida y también preocupada, si Nicholas tenía razón, ¿por qué me estaban suministrando medicina para hacerme daño?

Capítulo 8: No Es Casualidad


Nos mantuvimos en silencio, hasta que él lo rompió diciendo:
-En qué estabas pensando cuando saliste así, sin nada de tu casa
-No lo sé, ¿por qué quieres saberlo?
-Samantha, estás afuera en el frío a quizá kilómetros de tu casa, claro que me da curiosidad
El termómetro marcaba tres grados, estaba frío, muy frío.
-Sé que hace frío, mis papás se van a poner como locos si no llego en una hora
-Bien, tenemos tiempo para hablar… por qué estabas ahí afuera
-Es estúpido Andrés, le dije, y me tomó de la barbilla
-No digas tonterías, nada de lo que tú o yo o tu madre o el vecino es estúpido, tiene una razón de ser y fin
-Sé que tengo recuerdos que mi cerebro o quizá mi ser interior no quiere que los recuerde, pero me están matando, por alguna razón debo estar enferma y no puedo evitar pensar en ello, quiero tener una razón pero no la encuentro, quiero saber qué me pasó, por qué soy como soy, por qué mi madre se culpa a veces que no lo ha hecho bien, que no me cuidó cómo debía, ¿ves?, son tonterías.
-Tienes miedo, todos lo tenemos, todos tenemos miedo a recordar algo que hicimos mal en el pasado o algo que nos hizo sentir terriblemente débiles o desprotegidos, pero de seguro, si quieres alguna respuesta, la encontrarás. A veces, yo también tengo miedo.
-¿Miedo a qué?
-Miedo a saber que tuve un pasado, miedo a saber que estoy viviendo un presente y miedo a saber qué me depara el futuro.
-Andrés, eres un chico brillante, no puedo creer que tus padres…
-La vida depende sólo de ti mismo, no de los que están a tu alrededor, así que mis padres no hacen ningún cambio en mi vida, pero los tuyos sí y deben estar preocupados.
-Es verdad, deben estar dementes, dejamos de hablar un momento, le di la dirección y llegamos a casa.
-Llegamos, es aquí, dije y estacionó el auto, gracias por estar ahí cuando lo necesitaba
-No digas cosas cursis, simplemente fue coincidencia, una grata coincidencia, me dijo, sonreí e intenté darle un beso en la mejilla.
-Samantha, antes de que te vayas, me dijo he hizo que frenara mi beso en su mejilla y regrese a donde estaba.
-Quiero que sepas que tengo un miedo en particular ahora mismo que debo compartirlo contigo
-Me puedes decir si quieres

-Tengo miedo a… enamorarme de ti, me quedé sin respiración y salí rápido del auto. Cuando iba a entrar a mi casa, la bocina del auto hizo que botar las llaves y regresar a ver. Andrés se rio al notar que estaba muy nerviosa y se despidió con la mano, el carro arrancó y salió de mi vista.