martes, 25 de noviembre de 2014

Capítulo 8: No Es Casualidad


Nos mantuvimos en silencio, hasta que él lo rompió diciendo:
-En qué estabas pensando cuando saliste así, sin nada de tu casa
-No lo sé, ¿por qué quieres saberlo?
-Samantha, estás afuera en el frío a quizá kilómetros de tu casa, claro que me da curiosidad
El termómetro marcaba tres grados, estaba frío, muy frío.
-Sé que hace frío, mis papás se van a poner como locos si no llego en una hora
-Bien, tenemos tiempo para hablar… por qué estabas ahí afuera
-Es estúpido Andrés, le dije, y me tomó de la barbilla
-No digas tonterías, nada de lo que tú o yo o tu madre o el vecino es estúpido, tiene una razón de ser y fin
-Sé que tengo recuerdos que mi cerebro o quizá mi ser interior no quiere que los recuerde, pero me están matando, por alguna razón debo estar enferma y no puedo evitar pensar en ello, quiero tener una razón pero no la encuentro, quiero saber qué me pasó, por qué soy como soy, por qué mi madre se culpa a veces que no lo ha hecho bien, que no me cuidó cómo debía, ¿ves?, son tonterías.
-Tienes miedo, todos lo tenemos, todos tenemos miedo a recordar algo que hicimos mal en el pasado o algo que nos hizo sentir terriblemente débiles o desprotegidos, pero de seguro, si quieres alguna respuesta, la encontrarás. A veces, yo también tengo miedo.
-¿Miedo a qué?
-Miedo a saber que tuve un pasado, miedo a saber que estoy viviendo un presente y miedo a saber qué me depara el futuro.
-Andrés, eres un chico brillante, no puedo creer que tus padres…
-La vida depende sólo de ti mismo, no de los que están a tu alrededor, así que mis padres no hacen ningún cambio en mi vida, pero los tuyos sí y deben estar preocupados.
-Es verdad, deben estar dementes, dejamos de hablar un momento, le di la dirección y llegamos a casa.
-Llegamos, es aquí, dije y estacionó el auto, gracias por estar ahí cuando lo necesitaba
-No digas cosas cursis, simplemente fue coincidencia, una grata coincidencia, me dijo, sonreí e intenté darle un beso en la mejilla.
-Samantha, antes de que te vayas, me dijo he hizo que frenara mi beso en su mejilla y regrese a donde estaba.
-Quiero que sepas que tengo un miedo en particular ahora mismo que debo compartirlo contigo
-Me puedes decir si quieres

-Tengo miedo a… enamorarme de ti, me quedé sin respiración y salí rápido del auto. Cuando iba a entrar a mi casa, la bocina del auto hizo que botar las llaves y regresar a ver. Andrés se rio al notar que estaba muy nerviosa y se despidió con la mano, el carro arrancó y salió de mi vista. 

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