Pasaron semanas, quizá un mes o dos, todo iba bien en
el colegio y nuestro lazo de amistad entre Andrés y yo era cada vez más fuerte.
Pero, mis nervios estaban a punto de explotar, estaban muy sensibles y me daban
ataques con frecuencia, muchos ataques de pánico me estaban haciendo cada vez
más débiles. Empecé a pasar mucho tiempo en la enfermería, me daban
tranquilizantes y despertaba una o dos horas después. Los fuertes medicamentos
que me administraban me estaban comiendo por dentro, cada vez estaba más
delgada y mi piel ya no estaba volviendo al color natural, estaba pálida.
Estaba
acostada en la camilla de la enfermería, cuando entró alguien inesperado,
sangraba mucho por la nariz y lloraba de la desesperación, era Nicholas, lo
sentaron en la camilla junto a mí, pero no dejaba de gritar y pedir que no le den
ningún medicamento extraño, decía que sabía que todos estos tranquilizantes nos
hacían daño, que me estaban perjudicando, que querían matarme. Las enfermeras
le inyectaron un líquido en el brazo y Nicholas quedó completamente dormido al
instante.
-¿Por
qué sangraba por la nariz?, pregunté sorprendida, parecía que le habían dado un
golpe y lo habían hecho.
-Alguien
lo golpeó en la nariz muy fuerte, estaba diciendo cosas incoherentes, ya sabes,
me explicó la enfermera con una risita estúpida.
-Pero,
por qué estaba diciendo que los medicamentos me están matando
-Vamos
Sami, tu sabes que sólo hacemos lo mejor para ti, sabes qué, ya puedes irte, me
dijo la enfermera y me descobijó.
-Pero,
aún no estoy del todo bien.
-Vamos
niña, no seas exagerada y largo de aquí, ya no te quiero ver más, me sacó de la
camilla y me pidió que me retirase, pero seguía débil, no entendía por qué,
ella estaba bastante nerviosa.
Salí
despacio de la enfermería y me senté en el sillón de espera. Estaba confundida
y también preocupada, si Nicholas tenía razón, ¿por qué me estaban
suministrando medicina para hacerme daño?
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