Empezó muy rápido, no tuve que esperar mucho para el primer
día. Estaba sin ganas de ir, pero mamá insistió que no me lo pierda.
Tomé mi maleta y mi papá me dejó en la entrada, más que una
escuela, tenía pinta de ser una casa antigua, una muchacha joven, pero mayor a
mí me recibió con mucho afecto e hizo que pase, me mostró el lugar y me
presentó a los profesores.
-Hola, ella es Samantha va a ser su nueva alumna, tiene
trastornos de ansiedad y le da ataques con frecuencia, decía la muchacha, que le
decían Pal, sinceramente nunca me aprendí su nombre, pero aquella chica me
hacía sentir como un bicho raro, yo no decía ni una sola palabra, no quería
soltar alguna estupidez. Los profesores parecían amables. Cuando acabé mi
recorrido por el lugar, el cual era bastante moderno por dentro y las aulas
eran amplias y acogedoras. Me metieron a una sala donde había varios chicos más
o menos de mi edad. Me senté apartada de ellos, en el sillón donde nadie estaba
sentado.
Todos tenían un aspecto diferente, había una chica toda
vestida de negro, su cabello estaba en la cara y escuchaba música muy alto,
había un muchacho que respiraba muy fuerte y estaba algo inquieto, lo entendía,
las largas esperas me ponían ansiosa, pero el chico que más me llamó la
atención, tenía una cicatriz desde la abertura derecha de la boca hasta tocar
el cuello, estaba sanada, pero se le notaba mucho, al ver que lo observaba
regresó a ver y me sonrió, era muy simpático, tenía el cabello castaño claro y
sus ojos eran color miel. Mi mirada se volteó rápidamente para no tener un
extraño contacto visual pero existió.
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