Desperté
un día muy seca la boca y me dolía mucho la cabeza, pero aun así, decidí no
hacerles preocupar a mi mamá ni a mi papá y fui al colegio sin quejarme.
Salí
del auto, pero un ligero mareo me perseguía. Respiré profundamente y entré a la
casa antigua. Me senté en un sillón a descansar, me sentía mal y no quería
causar angustias.
-¿Está
todo bien?, preguntó una de las profesoras espirituales que teníamos.
-Sí,
sólo algo abrumada, pero me va a pasar pronto.
-Si
necesitas algo, puedes avisarme o puedes contarle tus problemas al señor, ya
sabes que él ayuda y nunca te suelta.
-Lo sé,
gracias, le respondí.
Me
acosté en el sofá y respiré porque un ataque de ansiedad no sólo era provocado
por algún susto o eso, si no también simplemente porque mi cerebro lo decidía.
Pero era tan feos que no quería tenerlo. Alguien se paró junto a mí, era el
chico que estaba en aquella sala muy inquieto y ansioso.
-Samantha
¿verdad?, preguntó
-Sí, le
dije con una voz muy apagada, lo lamento yo no sé tu nombre
-Soy
Nicholas, parece que estás un poco…
-Sí,
estoy intentando y haciendo lo posible por controlar un ataque, ahora.
-Sabes…
no hay control, no existe el control, así que no te pongas a tratar de
evitarlo, deja de pensar en ello y te pasará.
-Creí
que si pensaba en controlarlo podía hacerlo.
-No
Samantha, vamos, párate y deja de pensar en eso.
Hice lo
que me dijo y me acompañó a la clase.
-Bien,
trata de olvidarlo y te va a pasar, me dijo y me dio un abrazo.
-Te lo
agradezco, le respondí y entré. No podía olvidarlo pero me senté y traté de
pensar en algo más. Alguien me dio un beso en la mejilla, nuevamente me quedé
helada, por supuesto era Andrés.
-Buenos
días Samantha, me dijo Andrés, sonreí.
-Hola,
le dije decaída
Notó
que me pasaba algo pero no preguntó y se sentó junto a mí. Mi corazón latía más
y más fuerte. Estaba pálida, lo sabía por su expresión en la cara, aún no
empezaba la clase así que me recosté en la mesa. Me tomó una mano y no la
soltó.
-Estás
helada niña, vamos a la enfermería
-Estoy
bien Andrés, sólo debo olvidarlo y me pasará.
-Lo
siento pero estás muy pálida, me dijo, en aquel momento, me desvanecía ante sus
pies, sólo recuerdo que desesperadamente Andrés me cargó y quedé inconsciente
como aquella vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario