viernes, 22 de agosto de 2014

Capítulo 5 | No es casualidad

Desperté un día muy seca la boca y me dolía mucho la cabeza, pero aun así, decidí no hacerles preocupar a mi mamá ni a mi papá y fui al colegio sin quejarme.

Salí del auto, pero un ligero mareo me perseguía. Respiré profundamente y entré a la casa antigua. Me senté en un sillón a descansar, me sentía mal y no quería causar angustias.

-¿Está todo bien?, preguntó una de las profesoras espirituales que teníamos.
-Sí, sólo algo abrumada, pero me va a pasar pronto.
-Si necesitas algo, puedes avisarme o puedes contarle tus problemas al señor, ya sabes que él ayuda y nunca te suelta.
-Lo sé, gracias, le respondí.

Me acosté en el sofá y respiré porque un ataque de ansiedad no sólo era provocado por algún susto o eso, si no también simplemente porque mi cerebro lo decidía. Pero era tan feos que no quería tenerlo. Alguien se paró junto a mí, era el chico que estaba en aquella sala muy inquieto y ansioso.

-Samantha ¿verdad?, preguntó
-Sí, le dije con una voz muy apagada, lo lamento yo no sé tu nombre
-Soy Nicholas, parece que estás un poco…
-Sí, estoy intentando y haciendo lo posible por controlar un ataque, ahora.
-Sabes… no hay control, no existe el control, así que no te pongas a tratar de evitarlo, deja de pensar en ello y te pasará.
-Creí que si pensaba en controlarlo podía hacerlo.
-No Samantha, vamos, párate y deja de pensar en eso.
Hice lo que me dijo y me acompañó a la clase.
-Bien, trata de olvidarlo y te va a pasar, me dijo y me dio un abrazo.
-Te lo agradezco, le respondí y entré. No podía olvidarlo pero me senté y traté de pensar en algo más. Alguien me dio un beso en la mejilla, nuevamente me quedé helada, por supuesto era Andrés.
-Buenos días Samantha, me dijo Andrés, sonreí.
-Hola, le dije decaída
Notó que me pasaba algo pero no preguntó y se sentó junto a mí. Mi corazón latía más y más fuerte. Estaba pálida, lo sabía por su expresión en la cara, aún no empezaba la clase así que me recosté en la mesa. Me tomó una mano y no la soltó.
-Estás helada niña, vamos a la enfermería
-Estoy bien Andrés, sólo debo olvidarlo y me pasará.

-Lo siento pero estás muy pálida, me dijo, en aquel momento, me desvanecía ante sus pies, sólo recuerdo que desesperadamente Andrés me cargó y quedé inconsciente como aquella vez. 

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