jueves, 14 de agosto de 2014

Capítulo 4 | No es Casualidad

Al llegar a casa, no pude almorzar, como a veces pasaba, porque simplemente mi apetito se cortaba, pero estaba bien porque, quizá, era por una buena razón. Me lancé en mi cama y suspiré.  No lo conocía mucho tiempo, pero me era tan difícil querer o simplemente creer que alguien es agradable, que haberlo conocido a él, podría ser una bendición de Dios y como habían dicho en la escuela. Que nada en este mundo era coincidencia, ni casualidad.

Mi madre entró preocupada y se sentó en el borde de la cama:

-De nuevo con problemas de apetito cariño, qué pasa, tuviste un día frustrante hija?, porque esta pérdida de apetito es común cuando estás muy nerviosa o enojada, me dijo, sonreí y la miré.

-Mamá, creo que se me ha ido porque estoy bien, creo, ya verás que se me pasará y podré comer, pero ahora no tengo ganas, le dije, se veía sorprendida.
-Enserio estás feliz, me alegra muchísimo hija, de verdad, me alegra mucho haberte llevado a esa escuela, sabía que ayudaría
-Sí, eso creo mamá, estoy muy agradecida por lo que haces por mí, sé que a veces no lo demuestro y soy muy pesimista, pero de verdad, muy en el fondo, te quiero y agradezco cada día por tener a padres tan maravillosos, como ustedes

De los bellos ojos de mi madre brotaron algunas lágrimas y me abrazó muy fuerte.
-También agradezco cada día, por tener una hija tan maravillosa como tú Samantha, eres una gran bendición, que día a día la veo crecer más y más, la veo más grande, más hermosa y cada vez más radiante, te quiero ver siempre hija mía, con esa sonrisa, porque verte sonreír me indica que lo estoy haciendo bien, la abracé muy fuerte y también lágrimas salieron de mis ojos.

-Siempre lo has hecho bien mamá, papá y tú siempre lo han hecho bien
-A veces creo que no lo hago, porque te veo tan triste, tan apagada, me duele mucho verte así, siento que a veces te sales de mis manos, no quiero que nunca mi pequeño tesoro se escape de mis manos, tal como jabón.
-Te prometo que así ya nunca lo será, lamento haber sido tan dura contigo, sabes que a veces también se me escapa de las manos.


Mi mamá dejó de hablar, se secó las lágrimas y se fue. Qué clase de persona era yo, hacía sentir mal a mi madre, la hacía sentir débil al portarme como me portaba y no intentar hacer algo al respecto, eso me frustraba más que cualquier cosa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario