Al llegar
a casa, no pude almorzar, como a veces pasaba, porque simplemente mi apetito se
cortaba, pero estaba bien porque, quizá, era por una buena razón. Me lancé en
mi cama y suspiré. No lo conocía mucho
tiempo, pero me era tan difícil querer o simplemente creer que alguien es
agradable, que haberlo conocido a él, podría ser una bendición de Dios y como
habían dicho en la escuela. Que nada en este mundo era coincidencia, ni
casualidad.
Mi
madre entró preocupada y se sentó en el borde de la cama:
-De
nuevo con problemas de apetito cariño, qué pasa, tuviste un día frustrante
hija?, porque esta pérdida de apetito es común cuando estás muy nerviosa o
enojada, me dijo, sonreí y la miré.
-Mamá,
creo que se me ha ido porque estoy bien, creo, ya verás que se me pasará y
podré comer, pero ahora no tengo ganas, le dije, se veía sorprendida.
-Enserio
estás feliz, me alegra muchísimo hija, de verdad, me alegra mucho haberte
llevado a esa escuela, sabía que ayudaría
-Sí,
eso creo mamá, estoy muy agradecida por lo que haces por mí, sé que a veces no
lo demuestro y soy muy pesimista, pero de verdad, muy en el fondo, te quiero y
agradezco cada día por tener a padres tan maravillosos, como ustedes
De los
bellos ojos de mi madre brotaron algunas lágrimas y me abrazó muy fuerte.
-También
agradezco cada día, por tener una hija tan maravillosa como tú Samantha, eres
una gran bendición, que día a día la veo crecer más y más, la veo más grande,
más hermosa y cada vez más radiante, te quiero ver siempre hija mía, con esa
sonrisa, porque verte sonreír me indica que lo estoy haciendo bien, la abracé
muy fuerte y también lágrimas salieron de mis ojos.
-Siempre
lo has hecho bien mamá, papá y tú siempre lo han hecho bien
-A
veces creo que no lo hago, porque te veo tan triste, tan apagada, me duele
mucho verte así, siento que a veces te sales de mis manos, no quiero que nunca
mi pequeño tesoro se escape de mis manos, tal como jabón.
-Te
prometo que así ya nunca lo será, lamento haber sido tan dura contigo, sabes
que a veces también se me escapa de las manos.
Mi mamá
dejó de hablar, se secó las lágrimas y se fue. Qué clase de persona era yo,
hacía sentir mal a mi madre, la hacía sentir débil al portarme como me portaba
y no intentar hacer algo al respecto, eso me frustraba más que cualquier cosa.

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